Si bien Siri, Alexa y Google son excelentes cuando estamos ansiosos y queremos ayuda para encontrar un restaurante o saber la temperatura, no son excelentes, ni siquiera deseables, cuando se trata de una toma de decisiones compleja. De hecho, ayudan a habilitar una serie de ideas contraproducentes y comportamientos reactivos que en realidad afectan nuestra capacidad para tomar decisiones informadas.

Supongamos que deseas comprar un vehículo. Quizás estés comparando un Prius con un Crosstrek. Siri y Google pueden brindarte todo tipo de información, como la eficiencia del combustible o la tasa de interés actual de tu préstamo. Pero un motor de búsqueda no sabrá por qué estás comprando el automóvil, cómo piensas usarlo o qué impacto tendrá la compra en tu presupuesto. En última instancia, tu decisión debe provenir de una comprensión clara de tus necesidades, valores y objetivos, información que está fuera del alcance de los algoritmos.

Existen una serie de mitos profundamente arraigados y contraproducentes que dañan nuestra capacidad para tomar decisiones. Los más comunes de estos mitos incluyen:

1. Me gusta ser eficiente: Muchos de nosotros pensamos que la eficiencia significa saltar y tomar una decisión. Pero para ser realmente efectivos, debemos tener claro para qué estamos resolviendo. El apresurarse puede llevarte a tomar una decisión basada en los factores equivocados, lo que finalmente te llevará al arrepentimiento. Por ejemplo, entrar a un concesionario de automóviles y comprar el primer automóvil que ves puede parecer eficiente, pero puede significar que terminarás con el automóvil del que el vendedor quiere deshacerse, no el automóvil que mejor se adapta a tus necesidades y presupuesto.

2. Estoy demasiado ocupado; no tengo tiempo para dedicarme a esta decisión: Posponer una decisión es una decisión en sí misma. Sin embargo, reducir la velocidad intencionalmente para tener claro lo que estás resolviendo acelerará su eficacia. Ahorrarás tiempo más tarde si dedicas tiempo de calidad ahora para evitar tener que revisar la decisión. Por ejemplo, tomarse un poco de tiempo para investigar los precios antes de visitar un concesionario de automóviles te ayudará a negociar mejor el precio del vehículo.

3. Solo necesito resolver este problema en este momento: Nuestros problemas se ubican en un contexto. Un enfoque estrecho puede resolver el problema incorrecto o solo resolverlo parcialmente. Si tu automóvil se avería inesperadamente y te apresuras a comprar uno nuevo, ¿estás considerando tus necesidades más allá del presente?

4. Esta es solo mi decisión; no necesito involucrar a otros: Nuestras decisiones importantes involucran a otras partes interesadas. Evitar este panorama más amplio de quien más se ve afectado por una decisión puede, en el mejor de los casos, resolver solo parcialmente el problema y puede exacerbarlo. Por ejemplo, si tu cónyuge o hijo no puede conducir una palanca de cambios, ¿realmente deseas comprar un automóvil de transmisión manual que nadie más en la familia pueda utilizar para salir del camino de entrada en caso de una emergencia?

5. Sé que tengo razón; solo quiero datos o una opinión para confirmar mi propio pensamiento:  Conocido como “sesgo de confirmación”, esta falla en la toma de decisiones ha estado detrás de notorias fallas desde la Bahía de Cochinos hasta la implosión del mercado de préstamos de alto riesgo, la explosión del Challenger de la NASA y la catástrofe ambiental de Deepwater Horizon. En cada caso, se disponía de datos contrarios a la confirmación y deberían haber suscitado inquietudes, pero el pensamiento grupal se impuso y nadie quería levantar la bandera roja. Para comprender y definir mejor las limitaciones de lo que crees saber, busca ejemplos contrarios y evalúa explicaciones rivales. Estas técnicas pueden prevenir la “ceguera del marco” para evitar que veas lo que quieres ver en lugar de lo que puede estar presente. Por ejemplo, tal vez te hayas decidido por el Crosstrek en la búsqueda de tu automóvil, pero decides buscar de todos modos. ¿Podría tu preferencia por el Crosstrek influir en la forma en que evalúas los otros carros? ¿Podrías estar buscando confirmar tu inclinación en lugar de comprar el mejor auto para tus necesidades? Para abrir el espacio cognitivo, primero considera tus necesidades y luego busca autos que se ajusten a esos parámetros.

6. Confío en mi instinto. Es genial confiar en tus instintos al elegir un cereal para el desayuno. Pero para decisiones más importantes y de alto riesgo, cuando confiamos en nuestro instinto, confiamos en el sesgo y la memoria defectuosa. Las decisiones importantes se benefician al abrir el espacio cognitivo para permitir nueva información y conocimiento. Es posible que hayas puesto tu mente en el Suburu Outback porque tiene buenos recuerdos de lo que tu familia tuvo hace años, pero algunos conductores encuentran incómodo el asiento del conductor. Omitir la prueba de manejo puede resultar en un auto que no funciona para sus viajes largos.

7. La toma de decisiones es lineal: De hecho, la buena toma de decisiones es circular; necesita un ciclo de retroalimentación a medida que recopilamos información y la analizamos. A veces, necesitamos volver para encontrar información que hemos pasado por alto, o para recopilar nueva información o realizar un tipo de análisis diferente. Al comprar un automóvil, por ejemplo, podrías pensar qué hacer una investigación primero y luego ir a un concesionario y negociar un precio es suficiente. Pero hay muchos distribuidores, y cada uno de ellos tiene margen de maniobra para negociar un precio, por lo que dar vueltas y comparar ofertas puede ofrecerte un mejor precio.

8. Puedo unir bien mis ideas en mi cabeza:  Las grandes decisiones se componen de múltiples decisiones más pequeñas. Cuando intentamos mantener todas esas partes móviles en nuestra mente, terminamos confiando en una memoria defectuosa y una mente distraída. Nuestras emociones también pueden interponerse en el camino, lo que lleva a un pensamiento sesgado. Mantener un registro es una parte importante del pensamiento y el análisis; tanto Albert Einstein como Leonardo da Vinci llevaban cuadernos. Puede que nunca seamos tan brillantes o creativos como ninguno de estos grandes pensadores, pero podemos tomar una página de sus cuadernos y escribir cosas para crear un registro de nuestro pensamiento y nuestro trabajo.

9. Tengo toda la información que necesito. Si bien es posible que deseemos seguir adelante, podemos mejorar nuestras decisiones, y nuestra satisfacción, invirtiendo en un poco de investigación y confrontando las suposiciones con la evidencia. Consultar a los expertos, como Consumer Reports, que realiza una investigación sustancial, puede ayudarte a tomar una decisión informada que también sea adecuada para ti.

10. Puedo tomar una decisión racional: Psicólogos de todas partes, como Amos Tversky y Daniel Kahneman, han demostrado que, por mucho que nos gustaría creerlo, ninguno de nosotros es racional. Todos operamos a través de un parabrisas sucio de prejuicios basados ​​en experiencias y sentimientos pasados. Puedes pensar que no te dejarás engañar por un concesionario de automóviles, pero son vendedores profesionales que saben cómo evocar una respuesta emocional.

11. Solo hay una forma de hacer esto: Ya sea que se trate de cómo se debe hacer la cama, qué dieta seguir o cómo dividir tu cuenta de jubilación, siempre hay más de una forma de llegar al “sí”. Hemos sido condicionados para no escuchar otras voces, aislados en nuestros círculos de información, medio ambiente y redes sociales. Pero salir de tus rutinas y patrones te lleva a ver las cosas de manera diferente. Es posible que siempre hayas ido al concesionario para comprar automóviles, pero cada vez más, la gente está negociando compras de automóviles en línea y a través de mensajes de texto y correo electrónico.

Toma un descanso

Detrás de estos mitos hay tres ideas comunes y populares que no nos sirven bien: Primero, cómo personas ocupadas, no necesitamos invertir tiempo para tomar buenas decisiones. En segundo lugar, somos seres humanos racionales, capaces de resolver cuidadosamente en nuestras cabezas problemas espinosos y de gran importancia. En tercer lugar, la toma de decisiones es personal y no necesita involucrar a nadie más. Estos tres supuestos son falsos y problemáticos para un análisis y un pensamiento claro. No somos computadoras. Somos seres sociales que operamos en comunidad. Necesitamos tiempo para la reflexión, la capacidad de confrontar prejuicios inconscientes o considerar el panorama general.

Una forma de combatir estos prejuicios es poner un obstáculo en nuestro pensamiento, una parada estratégica para darnos tiempo para hacer una pausa, ver el panorama completo y reflexionar sobre lo que estamos experimentando. Disminuir la velocidad puede ayudar a mejorar la eficacia al alejarnos de nuestra dependencia de estos mitos de toma de decisiones y comportamientos reflexivos.

Hazte estas 5 preguntas cuando estés tomando decisiones:

¿En qué mitos de la toma de decisiones confío para tomar esta decisión? ¿Cómo me moverá esta decisión hacia las metas de mi vida? ¿Mis sentimientos relacionados con esta decisión se basan en lo que realmente está sucediendo o reflejan mis patrones de comportamiento aprendidos? ¿Qué información hay en el mundo que podría ayudarme a tomar mejor esta decisión? ¿Cómo puedo comprender mejor las percepciones y perspectivas de otras personas involucradas en la decisión? 

Extracto de artículo publicado en Harvard Business Review

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