Con el año 2020 no ha llegado sólo una nueva década. Hemos entrado en un mundo tan abundante de datos en el que es difícil encontrarse con algún secreto, un mundo de microtargeting, bots y hacking, en el que resulta imposible regular incluso actividades que antes estaban muy controladas.

Por un lado, empresarios, políticos, doctores y educadores buscan lo último en inteligencia artificial y Data Science para facilitar su trabajo. Los datos les resultan esenciales para tomar decisiones y mejorar diagnósticos médicos, predicciones meteorológicas y tendencias demográficas.

Sin embargo, por otro, “las tecnologías en línea, combinadas con la Big Data y la inteligencia artificial, se están convirtiendo en ‘el nuevo maletín de herramientas del autócrata’. Tecnologías como el reconocimiento de voz, aplicaciones inteligentes, wayfinding o recomendaciones basadas en nuestros hábitos, pueden utilizarse ahora para brindar información “secreta” sobre nuestra vida personal.

“Todo avance parece tener un posible inconveniente. La propia colaboración entre el NHS y DeepMind, que ha servido para mejorar diagnósticos, ha generado preocupación porque DeepMind comparte datos británicos con su empresa matriz, Google, radicada en Estados Unidos. Los ciudadanos, las empresas y los gobiernos han de hablar de estos temas o la tecnología irá por delante de lo que las sociedades quieran o toleren“, explica Alice Gast, Presidenta del Imperial College London, publicado por el Foro Económico Mundial.

El Dr. Yves-Alexandre de Montjoye, experto en IA y privacidad, ha demostrado que los datos personales “anonimizados” —frecuente objeto de comercio a escala mundial— se pueden someter a ingeniería inversa para identificar a las personas a quienes se refieren.

En un conjunto anonimizado de datos de ciudadanos estadounidenses, comprados a un intermediario, Yves y sus colegas pudieron identificar correctamente al 99,98 % de las personas a quienes pertenecían, utilizando características como la edad, el género y el estado civil.

Yves propone formas de contener, conservar y administrar los datos que, en algunos casos, nos permitirán beneficiarnos de la información que proporcionan sin sacrificar la privacidad que deseamos. Con este fin, él y sus colegas del Imperial College London, el MIT Media Lab, Orange, el Foro Económico Mundial y Data-Pop Alliance han creado la plataforma OPAL (por “Open Algorithms” – Algoritmos Abiertos- en inglés).

“Su objetivo es utilizar el potencial de los datos privados para el bien público de manera consciente de la privacidad, escalable, y social y económicamente sostenible. Trabajan para que se puedan utilizar los datos sin abusar de ellos”, afirma Gast en su artículo.

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