Estas dos cualidades son utilizadas con frecuencia como sinónimos, sin embargo no son iguales ya que:

La asertividad es una habilidad social que permite a las personas expresar sus pensamientos, opiniones e intereses de forma adecuada y en el momento adecuado. Es decir, está más enfocado a nosotros mismos, a ser capaces de expresarnos de forma adecuada.

Por otro lado, la empatía está más relacionada con los demás, con cómo hacemos sentir a los que nos rodean, es decir, en cómo escuchar de forma activa sin juzgar y dejando de lado nuestras propias convicciones. La empatía sirve para crear lazos cercanos con los demás, ya que se trata de aprender a comprenderlos.

Una persona que tenga estas dos cualidades es:

Respetuosa con las opiniones y creencias de los demás, y no intenta restarles validez ni menospreciar a quién las expresa. Entabla conversaciones sin prejuicios ni ideas preconcebidas sobre los demás. Es comprensiva y se esfuerza en ponerse en los zapatos de las otras personas para intentar comprender por qué actúan como actúan. No intenta proyectar sus valores ni su forma de vida en los demás. Evita herir los sentimientos de los demás o juzgar su vida personal. Se expresas de forma clara y firme, sin rodeos. Defiende sus ideas y opiniones pero no busca la confrontación, sino el diálogo y el entendimiento, razonando y justificando tus argumentos. Controla el tono y el lenguaje corporal que emplea para no transmitir agresividad. Si se ha equivocado, pide perdón y reconoce su error.

Si deseas mejorar estas dos cualidades tanto en tu persona como en tu empresa puedes seguir los siguientes consejos:

Practica la escucha activa, prestando atención a lo que los demás te dicen sin pensar en lo que vas a decir tú. Esto te ayudará a ponderar tus propias opiniones y a no tratar de imponerlas. Aprende a expresar tus opiniones de forma clara, sin rodeos, pero de forma educada: elige los momentos adecuados (por ejemplo, no rectifiques a un compañero delante de todos, sino en privado) y no dejes que nadie más hable por ti o te imponga sus ideas. En este sentido es muy importante tener en cuenta la forma que vas a hacer sentir a tus interlocutores: piensa en cómo va a afectarles lo que tienes que decir, y en lugar de una acusación o una recriminación, busca una forma de expresarte que no les haga sentir inútiles.

La asertividad y empatía deben conocerse para poder canalizarse adecuadamente en el entorno del proyecto. Esto implica tener en cuenta las habilidades intrapersonales de los miembros de los equipos, pero también de los líderes y personas que ocupen puestos de responsabilidad. Solo de esta forma será posible controlar la aparición de situaciones como:

Un Director de Proyecto que no sabe decir que no: que conducirá la iniciativa al fracaso por su incapacidad para delegar y su falta de realismo. Este es uno de los errores de los Directores de Proyecto más comunes. Un empleado que no sabe decir no: que asume todas las tareas que sus superiores le imponen a pesar de que sabe que existen muy pocas probabilidades de poder completarlas con éxito o que, si lo consigue, el impacto de tal nivel de compromiso y sobrecarga de trabajo en su salud se traducirá en problemas relacionados con el estrés. Un Director de Proyecto excesivamente asertivo: sus comunicaciones pueden ser malinterpretadas por su equipo, si las personas a las que dirige su mensaje consideran que, por ser demasiado claro resulta tajante o autoritario. Un empleado excesivamente asertivo: puede cuestionar las decisiones que vienen de arriba y obstaculizar el ritmo marcado para los trabajos o afectar a la productividad de otros miembros de su equipo, que deberían hacerse cargo de algunas de sus tareas para poder cumplir los plazos acordados.

Asertividad y empatía, si bien son cualidades del ser humano y habilidades positivas y deseables en el entorno laboral, deben ser siempre entendidas desde la moderación y buscando con ellas aumentar la realización personal manteniendo el respeto a los demás.