Casi de la noche a la mañana, el juego ha cambiado para los líderes. Hace poco tiempo, antes del coronavirus, parecía que estábamos en un mundo relativamente estable donde muchos factores eran conocidos y predecibles, y lograr el éxito parecía la búsqueda de la perfección.

Sin embargo, durante una crisis, cuando la realidad cambia día a día, cuando no hay forma de saber con certeza lo que se avecina o el mejor camino a seguir, no hay tiempo para la perfección.

En medio de una gran incertidumbre, los líderes de todas las industrias están ajustando estrategias y cadenas de suministro, reescribiendo las reglas de operación y, a veces, inventando cosas a medida que avanzan. Este tipo de liderazgo exige agilidad mental.

Sin embargo, hay un desafío: nuestras mentes no están naturalmente construidas para la agilidad. La evolución ha conectado nuestras mentes para distraernos (la atención constante a un paisaje peligroso ayudó a nuestros antepasados a sobrevivir), para la empatía (nos ayudó a reunirnos en grupos y crear comunidades), y para el ego (el mecanismo más básico de autoconservación).

¿Cómo administrar estas configuraciones mentales para desarrollar una mentalidad ágil y manejar las crisis con mejores resultados?

El desafío de las distracciones

A medida que avanza en estos tiempos inciertos, necesitas alejarte rápidamente para comprender el panorama general cambiante y luego acercarte a las acciones a corto plazo que se ejecutarán.
Esto puede parecer imposible cuando también estás inundado de información. La sobrecarga de información aumenta el riesgo de distracción, y la distracción, cuando tu mente salta de una cosa a otra, no es agilidad.
Para combatir la distracción, necesitas la agilidad mental para cambiar entre enfoque y conciencia. El enfoque es nuestra capacidad de mantener la atención enfocada en la tarea en cuestión y ejecutar efectivamente nuestras prioridades. La conciencia es nuestra capacidad de mirar el panorama más amplio, el futuro y los cambios que tenemos por delante.
La conciencia nos permite detectar y evaluar los cambios ambientales, mantener la meta-vista de nuestra organización y, en última instancia, separar las señales del ruido. Después de evaluar el panorama general, se requiere enfoque para responder decisivamente, desplegar las capacidades necesarias y ejecutar con disciplina.

El desafío del ego

El mundo está cambiando y los líderes se están moviendo rápidamente para estabilizar y reposicionar sus negocios. Nuestros egos tienden a estar unidos a nuestros éxitos pasados ​​y a cómo solían ser las cosas, cuando todo se voltea y esos enfoques habituales de repente ya no son relevantes, nuestro ego duele. Comenzamos a aferrarnos aún más al mundo que solíamos conocer y comprender, matando nuestra capacidad de ser ágiles.
El remedio para el ego es el desinterés. Esto significa preguntarnos cómo podemos servir a la misión de la empresa y no preocuparnos por la fama, la fortuna y la influencia. Para los líderes, significa especialmente ser honesto sobre no saber las respuestas, pedir abiertamente consejos, perspectivas y apoyo, y reconocer que se necesitan más de dos ojos para mirar hacia un futuro desconocido.
Hay muchos ejemplos sorprendentes de desinterés en la acción a medida que las empresas responden a la crisis del coronavirus. Por ejemplo, los líderes de la compañía de biotecnología están derribando muros corporativos para colaborar y apoyarse mutuamente en la carrera por desarrollar una vacuna COVID-19.
Por supuesto, el desinterés debe equilibrarse con la confianza en sí mismo. Cuando eres capaz de unir convicción con libertad del ego, infundes un profundo sentido de confianza y seguridad psicológica en tu organización. Cuando eso sucede, cada parte de tu organización se siente facultada para asumir riesgos calculados, adaptarse, innovar y moverse con la velocidad de la crisis.

El desafío de la empatía

La empatía, la capacidad de reconocer y resonar con las emociones de los demás, es crucial para un buen liderazgo. Pero en tiempos de crisis puede convertirse en una barrera para tomar las acciones correctas y ralentizar tu agilidad.
Los líderes a menudo se ven obligados a tomar decisiones difíciles sobre despidos, reducciones salariales, cierres de sitios, etc., que afectan negativamente la vida de las personas. Como personas empáticas, no nos gusta lastimar a los demás, y por eso estamos en riesgo de no hacer lo que hay que hacer.
El remedio para la parálisis empática es la compasión. La empatía y la compasión son muy diferentes desde un punto de vista psicológico, emocional y neurológico. La empatía surge cuando vemos que alguien más sufre, pero tiende a permanecer dentro de nosotros. La compasión, por otro lado, es más constructiva. Comienza con empatía y luego se vuelve hacia afuera, con la intención de ayudar.
Para traer más compasión a tu liderazgo y desbloquear una mayor agilidad, hazte una pregunta simple cada vez que estés con otra persona: ¿Cómo puedo beneficiarla? Esta simple pregunta repetida muchas veces durante el día gradualmente cambiará tu forma de pensar y actuar.

Extracto del artículo publicado en Harvard Business Review por Jacqueline Carter y Rasmus Hougaard, de Potential Project y coautores de “The Mind of the Leader – How to Lead Yourself, Your People and Your Organization for Extraordinary Results”.

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