No hay duda de que las historias son herramientas poderosas. Hoy es inconcebible que un lanzamiento de un producto, un lanzamiento de startup, un documental popular o un TED Talk no cuente con historias cautivadoras.

Y con una buena razón: las historias ofrecen múltiples ventajas. Nos ayudan a discernir asuntos complejos, a recordar ideas, a comunicarnos con los demás y a hacer predicciones sobre el futuro.
Es importante que los gerentes y empresarios aprovechen estos beneficios, pero debido a sus efectos potentes y duraderos, es crucial que los tomadores de decisiones reconozcan las diferentes maneras en que las historias pueden ser engañosas.

Autores como Nassim Taleb y Tyler Cowen han proporcionado muchas advertencias sobre narrativas que subrepresentan la incertidumbre y distorsionan nuestra comprensión de la causalidad.

En nuestro libro “El mito de la experiencia”, discutimos el hecho de que es más fácil escribir y abrazar la historia equivocada que ignorarla. Por lo tanto, especialmente cuando se abordan problemas críticos y decisiones consecuentes, vale la pena convertirse en escéptico de las historias.

Algunas historias simplifican la realidad al deformarse o ignorar el efecto del tiempo. Por lo tanto, un primer conjunto de señales de advertencia implica sesgos relacionados con el tiempo.

Vista retrospectiva. Las narrativas generadas después de que un determinado resultado emerge típicamente minimizan escenarios alternativos que podrían haber sucedido pero no. Como resultado, las historias tienden a hacer que el éxito y el fracaso parezcan más predecibles y deterministas de lo que realmente son.

Correlación confundida con causalidad. Las historias pueden sugerir causalidad entre eventos contemporáneos y correlacionados, incluso cuando tal enlace en realidad no existe.

Miopía. Algunas historias no detectan una relación existente cuando las causas y los efectos están muy separados en el tiempo. Las narrativas miopes llevan a los nuevos líderes a recibir aclamaciones o culpas por los resultados que ocurren justo después de su nombramiento, aunque en realidad puedan deberse a administraciones anteriores.

Caducidad. Las historias se basan en el pasado, por lo que rápidamente pueden quedar obsoletas cuando las situaciones cambian repentina y dramáticamente.

Otras historias simplifican la realidad al omitir una parte crucial de la imagen. Por lo tanto, un segundo conjunto de señales de advertencia implica sesgos de selección.

Promedios. Los análisis basados en datos y los hallazgos científicos se presentan con frecuencia para facilitar la transmisión y comprensión. Sin embargo, muchas de esas presentaciones simplifican demasiado la realidad al limitar los debates a efectos estadísticos medios.

Anécdotas. Es atractivo inducir historias globales a partir de experiencias personales y episodios llamativos. Sin embargo, estas son sólo pequeñas muestras que tienden a ser poco representativas. De hecho, dadas las variabilidades de gran alcance en circunstancias y personalidades, cuanto más singular es una observación, menos probable es generalizar.

Sobrevivientes. Aprender de historias de éxito es divertido y motivador. Analizar los rasgos comunes de las personas y organizaciones de éxito; sin embargo, este enfoque pasa por alto el hecho de que estos mismos rasgos pueden ser igualmente prevalentes en los no tan exitosos. Como resultado, las narrativas que sufren de sesgo de supervivencia conducen a una falsa creencia de que el éxito es más controlable y predecible de lo que es.

Resultados. Las historias a menudo se centran en resultados observables mientras ignoran los procesos subyacentes. Una consecuencia es una ceguera generalizada a posibles engaños y comportamientos poco éticos que contribuyeron a esos resultados.

Desafortunadamente, hay al menos dos complicaciones más allá de estas señales de advertencia. En primer lugar, algunas historias pueden contar con una combinación de ellas; y segundo, los sesgos relacionados con el tiempo y los problemas de selección pueden ocurrir incluso cuando las historias son correctas de hecho.

La solución a los problemas de la narración no es dejar de contar historias o ignorarlas completamente. Eso nos privaría de sus beneficios vitales. En cambio, los astutos tomadores de decisiones pueden aprovechar las historias en su beneficio tomando narrativas convenientes y convincentes como teorías que deben ser examinadas, en lugar de verdades a seguir. Usarían estas señales de advertencia para probar, refinar y actualizar narrativas relevantes.

Esto incentivaría a los narradores a ser más cuidadosos mientras elaboran sus mensajes. Por lo tanto, el escepticismo de la historia podría conducir eventualmente a historias mejores y más válidas, mejorando nuestro aprendizaje colectivo y nuestras decisiones.

Extracto del artículo publicado por Emre Soyer y Robin M. Hogarth, en Harvard Business Review.

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Maestría en Administración y Mercadeo

Desarrolla en particular en las áreas de administración general poniendo énfasis al mercadeo y los componentes necesarios para desarrollar una estrategia, como desarrollo de producto, fijación de precios, análisis de mercado, publicidad, promoción, gestión de las fuerzas de ventas y gestión de marcas.

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